Parece que la economía China pasará a ser la más grande del mundo este año, adelantándose así un par de años a los cálculos anteriores. Esto no debería sorprender mucho. China habría sido ya la primera economía a fines del siglo XIX y Nixon vaticinó que con el tiempo sería nuevamente la economía más fuerte. Cuando los organismos internacionales finalmente anuncien que China desplazó a EEUU como primera economía mundial habrá reacciones.
En primer lugar, el anuncio tendrá un impacto psicológico y político, particularmente dentro de los EEUU. Ser segundos no es algo que agrade a los norteamericanos. Habrá seguramente recriminaciones políticas y culpables que buscar. Por otra parte, el orgullo chino se expresará con fuerza en el orden mundial; hasta hace no mucho China estaba silenciosa. Ahora, cada vez menos.
La economía china tiene sin embargo más debilidades de lo que parece. Su rápido crecimiento ha tenido un alto costo social: las desigualdades sociales se han agravado, el medio ambiente se deterioró más que nunca. Además, debido a su política demográfica, las empresas enfrentarán una creciente escasez de mano de obra. Las inversiones serán entonces menos atractivas. No debe excluirse la irrupción de grandes conflictos sociales y regionales como producto de la desigualdad y el deterioro ambiental. Las tierras fértiles son relativamente limitadas; hay creciente problemas de agua y de recursos energéticos. China viene consiguiendo materias primas particularmente de países asiáticos, africanos y latinoamericanos. En algunos casos invierte en infraestructura de transporte en esos países para poder sacar las meterías primas; en eso China se parece al modelo colonial inglés. En ese sentido, la nueva situación no estará exenta de fricciones y conflictos que hasta ahora no han surgido.
El sistema político en China también es una gran incógnita. Ha surgido una poderosa burguesía. Nuevos ricos que están permanentemente a la búsqueda de oportunidades para invertir y ganar. Son los hijos de la Nomenclatura. Ellos deben compartir poder de decisión con la burocracia que aún controla, en nombre del Partido, las decisiones finales. A esa burocracia se les debe pagar el consiguiente ‘impuesto’. Los nuevos ricos, como los criollos hijos de los colonialistas en las Américas, algún día desearán actuar como los verdaderos dueños del poder esto es sin intermediarios. Habrá llegado una crisis de proporciones. Lo cierto es que las reformas políticas serán, tarde o temprano, inevitables. La profundidad y alcances de tal crisis es la gran incógnita.
EEUU tiene mucho a su favor; y mucho en contra. Tierras fértiles, limitados problemas de agua, y el país a punto de ser autosuficiente en materia energética. Es el país que más inventa y sigue a la vanguardia de la tecnología y la ciencia, aunque cediendo terreno. EEUU no se enfrenta con problemas de ‘cuello de botella’ laboral, sus puertos son los mejores ubicados del mundo para facilitar el comercio. Geográficamente, EEUU está en una posición envidiable. El clima de negocios en EEUU es bueno y la tasa de criminalidad sigue disminuyendo aunque es superior a la de los países desarrollados y, en algunos casos, a las de los países en vías de desarrollo.
Pero EEUU enfrenta desafíos formidables. El país cuenta con un sistema de salud que es el más costoso y menos eficiente de los países desarrollados. La tasa de encarcelamiento es la más alta del mundo. Hay más de 300 millones de armas en manos civiles, muchas de ellas semi-automáticas; la calidad de la educación primaria y secundaria ha descendido vertiginosamente en comparación a otros países. La infraestructura (rutas, aeropuertos, puentes, etc.) necesita mantenimiento y modernización. El sistema impositivo no es el mejor. Los impuestos son muy complejos y llenos de distorsiones para facilitar desgravaciones y exenciones a los más poderosos. La calidad del gasto público no es mejor: defensa y seguridad se llevan una gran tajada, gastos en infraestructura son limitados. Se colecta poco, se gasta mucho a veces con la prioridad invertida. Se avanzó algo en materia de protección al medio ambiente pero no en la medida necesaria y, mucho menos, en la medida que corresponde a un país que se reclama como líder mundial.
Pero el peor problema de los EEUU es la gobernabilidad, en el más amplio sentido de la palabra. El poder de los lobbies es casi ilimitado y muy creciente, la sociedad es cada vez más pasiva e impotente. El dinero controla el proceso electoral en los detalles más inimaginables. Los pequeños estados, la mayoría ultraconservadores, tienen poder de veto en los procesos políticos y legislativos. El poder presidencial es cada vez más reducido. Para colmo de males, el complejo de superioridad norteamericano le impide extraer lecciones de otros países. Hay incipientes movimientos secesionistas en algunos estados que recuerdan mucho la Guerra Civil. EEUU necesitaría reformar su arcaico sistema constitucional, legal y político. Esto debería ser normal dado el tiempo transcurrido. Pero en EEUU mencionar el tema parece una herejía lo que impide siquiera iniciar el diálogo político alrededor de esos temas.
Así visto, la competencia de China con los EEUU dependerá a largo plazo de quien encare con más imaginación y constancia los desafíos existentes. China probó ser más constante y decidida en afrontar sus problemas en los últimos años. Pero los desafíos que China enfrenta ahora son mucho más difíciles que aquellos que enfrenta EEUU. Además, las reformas económicas y políticas que EEUU necesita no son un misterio, son simplemente difíciles. China, en cambio, debe recorrer algunos caminos todavía intransitados. Los próximos pasos de China serán un misterio. Un misterio Chino!