No me pareció extraña la noticia en estos tiempos avanzados de mi paso. Pero era igualmente lamentable. Un amigo de seis décadas me había dejado un recado en el teléfono. En el mensaje hablado me explicaba la dolencia que le habían evaluado. Era un mensaje brutalmente preciso, extenso, sereno.
Me contaba que en la pelea que enfrentaría no apelaría a ninguna ayuda, que sabía de todas formas efímera. Afrontaría el resultado final. Es lo que toca, agregó sin miramientos. Cuando lo llamé hablamos de todo, de lo que hablamos siempre. Comentamos las últimas noticias.
Me impactó su humanidad y su estoicismo. Me inspiran, me preparan.
Después, me puse a meditar sobre las cosas. Es que a medida que pasa el tiempo uno se va quedando con reducidas amistades. Algunos se alejan acaso asustados por esas diferencias que reflotan los eventos. Otros, los más, se pierden masticados por el tiempo. Con cada día que pasa yo me vuelvo mi propio referente.
Siento que mi alrededor se hunde y en cualquier momento me devora!